Gracias a los Peores Hermanos

Hace poco leí en un texto sobre los hermanos, desde Constelaciones Familiares, escrito por Raiza Ramirez. Ella compara lo que tomamos de los padres con una piñata, unos toman más golosinas que otros, siendo estas golosinas una metáfora para los traumas no resueltos, miedos, limitaciones, apegos, enfermedades, cualidades, herramientas, logros, entre otros, que originalmente pertenecen a los padres. Tomamos indiscriminadamente y sin ver lo que nos toca, simplemente lo hacemos instintivamente, como los niños se abalanzan en las piñatas a llenar sus bolsas de dulces.

Siguiendo esta comparación pareciera que los hermanos mayores, siendo más grandes, los primeros en recibir, toman más que los demás. Muchas veces en las historias familiares, son ellos quienes sufren más, mientras que los menores parecieran estar un poco más desprendidos de los conflictos familiares. Por supuesto que no siempre es así y esto varía según cada individuo y según cada familia.

Esto es verdad para todos, venimos a tomar estas cargas familiares, con el objetivo que se vayan resolviendo de una generación a otra de forma natural. Sin embargo no siempre funciona así. Muchas veces cuando los padres no se hacen cargo de sus temas no resueltos, cargan a los hijos sin darles las herramientas para resolverlos, porque ellos mismos no lo pudieron hacer. No se trata de culpar, simplemente, como nos dice Asha Clinton, nadie tiene una infancia perfecta, nadie está libre de trauma.

Estas “golosinas” que tomamos de los padres, las negativas, nos limitan, nos roban la libertad de elegir nuestro propio destino. Pero a veces tenemos la gran bendición de tener a los peores hermanos. Raiza escribe lo siguiente:

“Los que más toman son los que más cargan en la historia familiar. Por ejemplo: los que sufren alguna enfermedad. Los que menos toman, son los que van “más ligeros” en su camino. Sin embargo, el que carga menos puede tener dificultades para ver al que carga más. Por ejemplo: si mi herman@ tiene problemas con el alcohol, puedo verlo como “un enfermo” o como quien no hace “nada” para solucionar su problema y no veo su carga, no que gracias a eso que él tomó, yo quedé libre de ese tema”. (gestaltvenezuela.blogspot.com)

Gracias a mi hermano que acuso, al que resiento, al que culpo y reclamo, yo soy más libre. Yo puedo ver con cierta distancia las herencias limitantes de mi familia y resolver mejor las que yo tomé. Al tomar más ese “mal” hermano, me cuidó, me protegió, me dio un horizonte más limpio y mejores posibilidades. Es así muchas veces que los hermanos mayores nos cuidan, aunque no lo podamos ver. Resulta entonces que estos hermanos se sacrifican de manera inconsciente por el resto, dando en cierta medida el regalo hermoso de la libertad. Quienes toman menos pueden responder con amor y agradecimiento entonces, al verlo de esta manera. Honrar su sacrificio y agradecer, sabiendo que cada uno hace lo que puede con lo que le tocó en su bolsa de golosinas.

Gracias, un millón de gracias hermanos.

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