+ trauma = – alma

Hay muchas maneras en las que los humanos buscamos fortalecer, iniciar, profundizar o explorar nuestra conexión espiritual. La religión, la meditación, yoga, salir a la naturaleza, orar, etc. Muchas veces lo hacemos con la esperanza de que esta búsqueda de Dios (o como le queramos llamar), sea la repuesta a todos nuestros problemas, o el alivio a nuestro sufrimiento. En cierta medida lo es, en cierta medida podemos caer en lavarnos las manos de nuestra responsabilidad en el asunto y quedarnos estancados  esperando, mirando al cielo.

El camino espiritual es difícil muchas veces, lleno de interrupciones, dudas, retos y callejones sin salida. Nos cuesta aceptar que el camino espiritual es individual, aunque podemos en algunas etapas acompañarnos de otros y eso facilita las cosas. Sin embargo cada uno tiene su propio rumbo, cada uno debe buscar su propio paso y su forma de llegar a la meta. La conexión espiritual es como nuestra alimentación, no a todos nos gusta o nos hace bien lo mismo. Y eso está bien.

Cuando he supervisado casos para otros terapeutas, a veces las preocupaciones vienen cuando el cliente es una persona muy religiosa. El terapeuta teme que esto pueda impedir la terapia, pues existe el prejuicio de que la psicología no sirve y solo Dios puede sanarlo todo. Es cierto que a veces la persona muy religiosa tiene este tipo de creencias, pero también es cierto que la persona muy religiosa que busca terapia, generalmente se ha dado cuenta que el trauma interrumpe su relación con Dios, que el trauma es una gran piedra en el camino de la conexión espiritual, y que mientras estamos encerrados en la cárcel que es el trauma, no podemos avanzar.

El trauma nos ancla al pasado, nos hace revivir una y otra vez las emociones de las experiencias difíciles de nuestras vidas. La psique está ocupada tratando de evitar, sobrevivir, uir, evadir, escapar, esconderse y en resumen resolver, pero no lo logra. Cómo vamos a avanzar en el plano espiritual si estamos atrapados en la emoción y con un ego dañado? Cómo vamos a conectarnos con nuestra parte más sutil si estamos enterrados en la densidad del sufrimiento, muchas veces sin darnos cuenta?

Cuando oramos, pedimos resolución, proyectamos esta energía, este pedido de ayuda. Una mujer que había pasado por situaciones dolorosas en su vida, pedía a Dios todos los días que la liberara de su sufrimiento. Ya no podía conducir y estaba limitada económicamente. Un día una psicóloga de mucho renombre conoce a su hijo y al oír la historia, ofrece atenderla sin costo. Además la mujer vivía a un par de cuadras de su clínica así que el transporte no era un problema. El hijo lleva las excelentes noticias a su madre y ella responde, no gracias, Dios me va a sanar.

Muchas veces cuando viene la oportunidad de lograr lo que pedimos, la descartamos porque queremos las cosas hechas. Queremos el pastel pero no queremos cocinarlo. No nos damos cuenta que para poder comer, debemos aprender a cocinar. Todos los ingredientes nos están siendo dados. Se nos pide que nos levantemos y trabajemos por lo que queremos lograr, de otra manera no tendremos el aprendizaje ni la expansión de conciencia que viene con el camino espiritual que tanto ansiamos emprender.

Gran parte de ese andar es sanar trauma, liberar el camino de piedras y árboles caídos para tener claridad de hacia dónde vamos, para poder avanzar. Por eso, si hay más trauma, perdemos nuestra conexión con Dios. Y entonces hay más trauma. Y entonces hay menos conexión con Dios… La finalidad de las terapias más profundas que hoy en día llamamos transpersonales, no es liberar el sufrimiento o que la persona sea feliz. Eso es algo que sucede en el camino, mientras se trabaja liberando y sanando traumas, creencias y demás. El objetivo real es recuperar esa conexión espiritual, reconstruir el camino hacia nuestro Centro, nuestra Divinidad, volver a la Fuente, ser uno con el Todo, reconectarnos con el Creador, el Universo, Dios Padre/Madre, Amor, o como más tenga sentido para cada uno.

El camino es mejor cuando nos acompañamos de otros, aunque cada quien vaya a su propio paso o elija su propia ruta. A veces vamos a oscuras y otros llevan linterna, a veces nosotros llevamos la linterna y podemos facilitar el camino de alguien más. Está bien ayudar y pedir ayuda, es un camino individual, no un camino solitario a menos que así lo decidamos. Dios nos da las oportunidades de lograr lo que queremos y depende de nosotros tomarlas o no. El trauma, el dolor, el miedo, son vendas que no nos permiten ver la luz del sol y entonces vamos a tientas, como ciegos. Por supuesto que cada uno encuentra su manera y cada uno tiene su tiempo, pero todos, absolutamente todos, vamos al mismo lugar.

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